Hermenéutica, literatura e identidad cultural

El propósito de este ensayo es mostrar cómo la literatura en general y en particular la que corresponde a las obras narrativas de la literatura latinoamericana contemporánea, constituyen una vía para trabajar educativamente una formación crítica de la identidad.

La iniciativa de la reincorporación de la literatura como fuente de conocimiento se presenta en la discusión pedagógica como respuesta al agotamiento de la educación de corte ilustrado que deja de lado la formación del pensamiento creativo a través de las manifestaciones artísticas, para privilegiar el pensamiento lógico, a través de la ciencia y la tecnología.

identidad

Desde la antropología filosófica aplicada a la educación, Joan Carles Mélich[ habla de la educación racionalista como la que explica la realidad en términos de luminosidad, a la manera de la ciencia, pero suprime la oscuridad de lo humano y su identidad, que de acuerdo con Mélich podría tratarse mediante la literatura, porque el universo simbólico es capaz de expresar lo inexpresable científicamente. Los textos literarios construyen nuestro entorno o mundo de la vida, pues en palabras del autor: “sin tomarlos en cuenta como punto de referencia, como “horizontes de sentido”, resulta imposible descender a los infiernos que se ocultan tras las máscaras de la cotidianidad.”

   En esta misma línea de pensamiento, el filósofo de la educación Olivier Reboul[3] insiste en la concepción de un humanismo diferente al que nos legó la Ilustración y para ello pide volver la vista hacia un sentido laico de lo sagrado que alude a la humanidad; es decir, lo sagrado es la humanidad, para lo cual se requiere de símbolos que nos unan como comunidad humana. Para lograr este sentido del humanismo, pregunta: “¿No sería necesaria una enseñanza escolar más completa, más existencial, con leyendas mitológicas, fiestas, coros y danzas, obras comunes; en una palabra, una enseñanza que sea una educación?”[4] Reboul alerta así de los riesgos contemporáneos de una educación sin símbolos frente a símbolos sin educación, estos últimos promovidos principalmente por los medios de comunicación, y los símbolos ocultos de las prácticas misteriosas con las que frecuentemente hoy se busca establecer un sentido de la vida.

Hermenéutica y educación

Como respuesta a estas preocupaciones, hemos encontrado en la filosofía hermenéutica un fundamento para proponer una educación mediante la interpretación de los símbolos. Específicamente, sirven a estos propósitos las hermenéuticas de Hans Georg Gadamer[1] y Paul Ricoeur[2].

   La hermenéutica de la comprensión de la tradición desarrollada por Gadamer, a través de su concepto de formación (Bildung), provee una concepción de educación entendida como mediadora de la cultura que, en cuanto tradición, se considera a su vez una mediación del presente con el pasado, a través de los productos culturales, como las obras literarias y de arte en general, que constituyen un legado donde se decanta la reflexión humana dentro de una tradición. La incorporación de la hermenéutica de Gadamer en la educación abre no sólo la crítica a la educación positivista, sino que también propone la formación mediante los productos artísticos de la cultura como portadores de la tradición, para reconocer en ellos una identidad que se traduzca en una actitud ética de saber actuar en la vida.

   Por otra parte, en la hermenéutica reflexiva de Ricoeur se encuentra la unión entre literatura y filosofía en el desarrollo de una explicación de la manera como se propiciaría la inmersión crítica en la cultura a través de la lectura de textos literarios, ya que plantea la formación de un sujeto crítico que se autocuestiona en la interacción simbólica con los textos, conjuntando la crítica de la ideología y la confianza en la tradición.

   El aporte específico de Ricoeur en esta relación entre filosofía y literatura es su trabajo sobre el texto narrativo como el texto por excelencia, porque revela la historia de la vida humana, la humanización del tiempo y la descripción de las experiencias y preocupaciones humanas. La realidad o campo práctico, dice Ricoeur, es una primera instancia de mediación simbólica que le sirve al texto como prefiguración referencial.

La obra narrativa es una configuración que pasa por la precomprensión o prefiguración, es decir, el texto narrativo es una mediación simbólica construida a partir de otra mediación simbólica que le antecede. El acto de lectura es una tercera mediación que vuelve a la primera (mundo de la acción) a través de la segunda (mundo de la obra), en un acto que no es circular sino espiral porque no consiste en la captación de un sentido unívoco que se aplique al mundo de la experiencia para concebirlo de la misma forma que antes de efectuar el acto de interpretación, sino con una nueva mirada refiguradora que puede conducir al enriquecimiento del criterio y a la modificación del actuar en la vida. La obra narrativa hace inteligibles las preocupaciones humanas que se manifiestan en la vida práctica, preocupaciones para las que la primera mediación simbólica, la de la vida cotidiana, a veces no basta para hacerlas accesibles. La narración tiene sentido completo cuando regresa al mundo de la acción gracias a un acto de lectura.

   Tomando en cuenta las anteriores relaciones entre hermenéutica, literatura y educación, podemos considerar que una de las vías para la hermenéutica de la identidad latinoamericana es la literatura narrativa. La existencia de la visión de mundo que está manifestada en la producción literaria latinoamericana permitiría la formación de una base cultural crítica respecto del mundo de vida que deseamos. La educación tendría que enfrentar este reto. La propuesta concreta que formulo para el campo educativo consiste en la formación de un lector con competencia hermenéutica que, a través de la interpretación de textos literarios construya su identidad colectiva.

   Esta fundamentación nos da una guía para trabajar la hermenéutica particular del contexto latinoamericano mediante el análisis del papel formador de la conciencia de la identidad que se presenta como potencial en la literatura narrativa latinoamericana, con la hermenéutica específica que requiere la interpretación de estos textos. El trabajo hermenéutico tiene que partir de la recuperación de la memoria cultural relegada o reprimida, que permanece latente con gran vitalidad y ha sido fuente de varios textos narrativos de la literatura latinoamericana.


[1] Vid Hans Georg Gadamer, Verdad y método I.

[2] Vid Paul Ricoeur, Del texto a la acción. Ensayos de hermenéutica II.

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Un comentario en “Hermenéutica, literatura e identidad cultural

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