La identidad cultural como eje temático en El hablador

hablador

Las secuencias del relato en la novela El hablador de Vargas Llosa se estructuran mediante la alternancia entre dos discursos que cuentan la misma historia; una voz corresponde al que denominaré narrador-escritor y la otra voz al que llamaré narrador-hablador. El incipit presenta al narrador-escritor frente a fotografías de los machiguengas, en una galería de Florencia. La imagen algo difusa de uno de los integrantes del grupo salta a su vista desde las fotografías, y lo impulsa a dar cuenta de la relación con Saúl Zuratas, un antiguo amigo de su época de estudiante universitario. Acto seguido, el narrador-hablador cuenta la historia de los machiguengas, al modo del relato mítico, a-histórico.

En otra secuencia el narrador-escritor cuenta a su vez la historia de los machiguengas, a la manera del relato histórico, datado. Surge el tema misterioso del hablador, sugerido como una instancia que mantiene la originalidad cultural de los machiguengas y el celo con que éstos resguardan su figura de las influencias externas:

  1. El narrador-hablador relata la historia de los habladores y la manera en que Zuratas llegó a ser uno de ellos. b) El narrador-escritor relata su segunda visita a la región amazónica, y su encuentro directo con los machiguengas después de transcurridos 23 años. En esta ocasión, él observa grandes cambios que consisten en la integración de los machiguengas a las políticas gubernamentales, en que muestran una gran aculturación. Descubre que el ocultamiento de la existencia del hablador es un recurso para mantener la tradición en el contexto de la aculturación. Aparece la sugerencia de que Zuratas sea un hablador. El narrador-hablador cuenta el destino de los habladores.

El narrador-escritor cierra el relato justificando la inserción de Zuratas en la cultura machiguenga como un refugio de su alter ego para resolver el conflicto ético de la relación con los pueblos indígenas. Doris Sommer1 hace un análisis muy detallado y revelador de esta novela. Ella centra su atención en la presencia en el texto de la ideología conservadora del autor, quien está presente de manera explícita en la obra como personaje. El recurso de configurarse dentro de la obra es una característica que el lector de Vargas Llosa encuentra frecuentemente en su narrativa. Quizás ello provoca el diálogo con el autor empírico respecto de sus posiciones políticas en relación con el proyecto latinoamericano.

Sin embargo, en la conclusión de su ensayo sobre El hablador, Sommer dirige la perspectiva de su análisis hacia el texto más que al autor; considero que con ello invita a realizar las posibilidades interpretativas centradas en los lectores frente al cuasi-mundo del texto: El hablador ejecuta el acto de desdoblamiento sin diagnosticarlo como esquizofrenia. La dualidad es fuente de inquietud y también de esperanza. Puede llevar a rechazar la otredad indígena por inasimilable y no esencial para la identidad política peruana. Con todo, cuando el narrador enfrenta al Otro, el pulso incesante pero íntimo ofrece una esperanza. Es la posibilidad del reconocimiento –en una lectura desde esta distancia geográfica– aun cuando la promesa sea traicionada por el hombre apellidado.

El hecho es que la confrontación que él pone en escena genera un relato irresoluto que se detiene a mirar, aprende a escuchar y se atreve a amar. Ama desprendidamente, a través de un narrador cuyo rostro tiene el color de una herida abierta. La novela clava la mirada, acaso incomprensiva pero respetuosa, en el Otro. Siguiendo esta conclusión como invitación, formulo la siguiente pregunta hermenéutica: ¿de qué manera la novela El hablador provoca una experiencia re-figurativa que puede incidir en la construcción de la identidad cultural de los lectores, en el contexto latinoamericano?

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