El huésped, de Guadalupe Nettel

Se intenta una comprensión de las personas con ceguera como diversidad ontológica que tiene repercusiones en la condición sociocultural de quienes se encuentran en esta circunstancia. La obra narrativa que se interpreta desde esta perspectiva es la novela El Huésped, de la escritora mexicana Guadalupe Nettel.

El análisis de la novela de G. Nettel está centrado en la comprensión de la transformación del personaje narrador en su proceso de debilitamiento visual que la involucra en un mundo de marginación de los sujetos que viven en esta diversidad.

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La metodología utilizada corresponde al enfoque de la hermenéutica de Giorgio Agamben con la teoría de las signaturas, como análisis del discurso, así como a la teoría narrativa de la hermenéutica de Paul Ricoeur, en el seguimiento de la trayectoria del personaje.

La justificación práctica de la investigación de la que se deriva este artículo, consiste en que en la formación de profesionales de la educación no se ha tomado en cuenta –o se ha hecho muy escasamente– la aportación de la narrativa de ficción, como otra vía de construcción de conocimientos que contribuyen a la formación humanística de quienes estudian estas profesiones. Por otra parte, el enfoque hermenéutico adoptado se justifica por favorecer las finalidades de la educación como sustento pedagógico necesario en la práctica educativa.

El propósito pedagógico del enfoque hermenéutico de la lectura en la formación de profesionales de la educación que se pretende propiciar en esta investigación, consiste en formar lectores que a través de la lectura de narrativa literaria, puedan aumentar y enriquecer su competencia hacia la comprensión de la diversidad, asimismo de las circunstancias que pueden existir en las vidas de quienes se encuentran en un contexto en el que son consideradas diversas en relación con una “normalidad”, establecida desde discursos socioculturales y económicos que afectan la inclusión justa en los entornos de la vida cotidiana a que se tiene derecho humanamente.

Esta finalidad está ligada a una concepción de la literatura narrativa como la describe Moreno-Durán: La novela –acaso el género literario que más se aproxima a la función de captar y aprehender la realidad– es, antes que todo, un instrumento mediante el cual la palabra, tras superar el mero dato empírico de la evidencia exterior, basta para sugerir, suscitar y comprender toda una cosmovisión y todo un mundo que, antes, y de otra forma, no nos eran posibles (2002, 17).

Esta manera de relacionar la ficción narrativa con la vida cotidiana, hace ver que la mirada enfocada en los hechos desde las ciencias sociales, no es suficiente para una formación humanística como la que debería propiciarse en los profesionales de la educación. Sostenemos que para ello es necesaria la imaginación a través de la literatura. Es pertinente en este aspecto  lo que señala Terry Eagleton respecto de la relación entre la literatura de ficción y el mundo empírico, tal como se vive en una determinada circunstancia histórica: Cuando describimos una obra como realista, no queremos decir que esté más cerca de la realidad que la literatura no realista de un modo absoluto. Lo que decimos es que se ajusta a lo que las personas de una determinada época y lugar tienden a considerar como realidad (2017, 145).

Esta idea de lo que se considera como realidad, concuerda con la fase de prefiguración que señala Ricoeur, por lo que una tarea del estudio de la narrativa consiste en explicitar las huellas ideológicas, tanto en un aspecto positivo como en el negativo que señala Ricoeur, cuando habla de metáforas muertas, entendidas como una comprensión anquilosada del mundo. Eagleton lo enuncia de la siguiente manera, cuando se refiere a la interpretación de las obras de la narrativa literaria: No se trata tanto de que contengan significado, sino de que lo generen. Una vez más, esto no equivale a sugerir que todo vale […] Un motivo para ello es que el significado es un asunto público. No puede haber un significado del que yo sea el único propietario […] El significado pertenece al lenguaje y el lenguaje destila el sentido que le damos a nuestro mundo de forma colectiva. No flota a la deriva. Más bien está condicionado por las maneras que tenemos de lidiar con la realidad, con los valores de una sociedad, sus tradiciones, suposiciones, instituciones y circunstancias materiales (2017, 163-164).

En atención a lo anteriormente expuesto, un texto narrativo debería despertar en el lector la apertura a lo que Ricoeur llama metáforas vivas, es decir, aquellas que nos revelan otra mirada sobre lo que habitualmente vivimos como la realidad. De nuevo, en palabras de Eagleton: Los lectores nos enfrentamos a un texto literario con toda clase de creencias y suposiciones, a menudo de tipo inconsciente […] A menos que un lector formule suposiciones continuamente, un texto literario no funciona […]. Un modo de intentar captar un poema o una novela en conjunto consiste en investigar sus temas, es decir, las varias preocupaciones que encontramos en la obra (2017, 165-168).

Por otra parte, se puede apreciar que el lugar que le da Michel Foucault a la literatura, es también pertinente para el enfoque que se propone en esta investigación, al promover una metodología de la lectura que posibilite la apertura de metáforas vivas, pues, siguiendo al autor el propio arte, trátese de la literatura, la pintura o la música, debe establecer una relación con lo real que ya no es del orden de la ornamentación, del orden de la imitación, sino del orden de la puesta al desnudo, el desenmascaramiento, la depuración, la excavación, la reducción violenta a lo elemental de la existencia (2010, 200-201).

MÉTODO

El camino que se siguió en la investigación, es el de la hermenéutica literaria, ya que en ella encontramos la viabilidad pedagógica de propiciar una refiguración del mundo de la vida, por parte del lector. La recuperación de la narrativa –perdida en la educación que sirve a fines donde predominan la instrucción y la adaptación al campo laboral, en detrimento de finalidades educativas para la vida cotidiana, las cuales demandan la atención a la diversidad– encuentra una fuente de sustento teórico y metodológico para la investigación y la práctica educativa, en la hermenéutica de Paul Ricoeur (1999).  Su concepción hermenéutica está dirigida a los textos en un sentido amplio, que se refiere a toda obra inscrita; por ello, podemos considerar tanto los textos en la oralidad, en la escritura como en los medios electrónicos.

Concretamente, se aplica aquí su conceptualización de la identidad narrativa, como construcción colectiva e individual. Consideramos pertinente esta metodología, porque trata acerca de la forma en que entramos al mundo en la infancia, como señala Gadamer (2000), en la sabiduría del campo práctico en el que se aprende mediante narraciones. En la cultura de la escritura –propia de la educación escolar–, los géneros que han servido para contar historias, desarrollan para Ricoeur: “… una especie de inteligencia que puede llamarse inteligencia narrativa, y que está mucho más cerca de la sabiduría práctica y del juicio moral, que de la ciencia y más generalmente del uso teórico de la razón (2009, 195).  

Pues, si bien los géneros narrativos trabajan en una dinámica de sedimentación y de innovación, podemos observar que los géneros narrativos tradicionales más empleados en la relación cara a cara, o la lectura de textos escritos, han ido perdiendo su lugar, el cual está siendo ocupado cada vez más, por los medios electrónicos, lo cual en sí no es negativo, pero exige un estudio acerca del origen de las narraciones con las que se forma actualmente el sujeto, a través de ellas. Aquí cabría preguntarnos ¿quién cuenta ahora las historias que forman en la infancia?, ¿qué efectos tiene la recepción de estas historias en el actuar cotidiano?, ¿cómo afectan la formación?

El paso de la narración oral a la escrita trajo como consecuencia la lectura en voz alta hecha a otros que escuchan, pero también la lectura individual, en silencio. En el primer  caso, el comentario vuelve a la experiencia comunitaria de la oralidad, mientras que en el segundo, se fomenta el aislamiento, un proceder muy característico del desarrollo académico. Por este motivo, enfatizamos que el cultivo de la hermenéutica literaria –mediante el comentario y la recepción que este genera– devuelven la relación formativa a la comunidad entre los lectores, reunidos en las aulas universitarias, en el caso que se estudia en esta investigación. Las narraciones relacionan las historias que cuentan, con la vida de sus receptores.

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