
Para configurar sus tramas, Sada recurre a una escritura con registros de la oralidad en oposición a los registros canónicos de la escritura. De acuerdo con Severo Sarduy (1987), la materia fónica y gráfica en expansión accidentada son figuras del neobarroco. Esta característica resalta en la narrativa de Daniel Sada y con ello desautomatiza y provoca extrañeza en el imaginario de sus lectores, lo cual posibilita la refiguración de los mundos de vida. En sus novelas, estas figuras le sirven a Sada para conformar la parodia como medio de expresión irónica contra los cánones burgueses. En su narrativa encontramos formas que estructuran la polifonía, la intercalación de los registros culturales.
La estética barroca de Sada se inscribe en la literatura latinoamericana como un desvío de las formas canónicas. Este recurso se presenta como una transgresión literaria, pero también como cuestionamiento de las formas de vida inspiradas en instituciones modernas. Para comprender más ampliamente esta estética y sus aportaciones a la construcción de la novela como género narrativo, nos apoyamos en la explicación de Giorgio Agamben (2005) que dice que la musicalidad de la oralidad desaparece con la escritura; la música ya no acompaña a la palabra. Sada recupera este acompañamiento para parodiar las formas de la escritura literaria canónica.
En este manejo del lenguaje consiste el barroquismo de la estética de Sada. Así, en el cuento “Atrás quedó lo disperso” que forma parte del libro Ese modo que colma, inscribe lo que podríamos considerar como un manifiesto del estilo parodíco de su obra. La trama gira alrededor de Atilio Mateo, quien regala el libro El zafarrancho aquel de Vía Merulana a su amigo Gastón. En este gesto hay que observar dos aspectos: que la novela obsequiada tiene como autor a Carlo Emilio Gadda, quien se caracteriza dentro de la literatura italiana por un bilingüismo (lengua literaria/dialecto), es decir, escritura/oralidad. De acuerdo con Agamben la parodia es la estructura misma del medio lingüístico en el que se expresa la literatura. En este cuento de Sada, leemos lo siguiente:
Con algo de jactancia llegó y puso el libro sobre la mesa: Aquí tienes lo que tanto andas buscando: la frase fue dicha a todo pulmón para que resonara a lo ancho del restaurante, y lo visto al instante, una edición estropeada pero completa, la única en español. Gastón, que estaba sentado en el gabinete, se colocó sus gafas y sí: El zafarrancho aquel de Vía Merulana, de Carlo Emilio Gadda, el Joyce italiano que cita Ítalo Calvino en sus Seis propuestas para el próximo milenio como ejemplo supremo de multiplicidad. Así la sorpresa (Sada, 2010: 65).
Si consideramos que este cuento es un manifiesto de Sada para ubicar su propia escritura, cabe preguntarse ¿qué relaciones se podrían establecer entre la escritura de Carlo Emilio Gadda y la de Sada? En el siguiente fragmento del cuento citado podemos encontrar un indicio de respuesta a esta pregunta:
En el restaurante la conversación se puso alegre por el obsequio de una obra que trataba de un asunto nimio, en apariencia; una exuberante pesquisa policial, pero que en manos de un autor apasionado y neurótico como Gadda se transformaba en una red amplísima de conexiones entre hechos y personas; intríngulis de angustias y obsesiones sazonado con variados niveles lingüísticos del alto y bajo italiano, así como una muestra inaudita de léxicos de toda categoría. Literatura extrema, maniáca a más no poder, pero iluminadora por cognoscitiva, que seguro ha ofrecido a muchos un constante vértigo, mismo que puede tanto hastiar como maravillar. El zafarrancho es un vapuleo narrativo radical que lo mismo podía seducir que poner irascibles a los pobres lectores (Sada, 2010: 67-68).
Sada, al describir las características de la novela de Gadda lo está haciendo también sobre la clave estilística ultra barroca de su propia narrativa, como podemos comprobar en la manera en que usa el lenguaje en los fragmentos antes citados.
El segundo aspecto importante en este análisis de la parodia en Sada tiene que ver con la construcción de las tramas y de los personajes. Por ejemplo, bajo la intencionalidad manifiesta en el gesto intelectual del personaje de Atilio Mateo, se esconde otra menos civilizada que consiste en una morbosa u oscura intención de comprobar si el regalo literario a su amigo Gastón tiene el mismo efecto que los obtenidos en otros “amigos”; tal efecto consiste en la caída en desgracia de quienes han recibido el libro: “Lo que no le dijo Atilio Mateo a su dizque amigo fue que la lectura de El Zafarrancho había provocado tragedias y dramas en otros lectores, conocidos suyos, a quienes obsequió la novela con la mejor intención” (Sada, 2010: 69).
Esta isotopía narrativa del cuento se mantiene en lo que podríamos percibir como una manifestación de envidia cuando Atilio Mateo se percata de que el efecto ha sido contrario del esperado, pues a Gastón le ha ido muy bien desde que recibió el libro de Gadda. Pero la burla como característica de la parodia se manifiesta en el tipo de actividad en la que se ha visto favorecido Gastón, pues su empleo consiste en redactar los discursos del Presidente de la República, acto denigrante en la cultura de la escritura.
Podemos decir que Sada profana la escritura canónica, considerada sagrada, al introducir la oralidad y devolver la palabra al libre uso. La profanación de la escritura se da en Sada mediante el juego con las palabras. Profana la seriedad de la escritura para devolverla a la oralidad. La profanación en el plano formal es soporte de una profanación en el plano semántico. En efecto, la construcción de los personajes, la simplicidad en el planteamiento de los temas y las tramas mediante las que se desarrollan, tomados de la vida cotidiana en la que se ven involucrados los personajes, muestran que sus configuraciones narrativas no son las del modelo literario canónico de la cultura de la escritura, sino las de la tradición oral, como lo muestra el hecho de tomar tramas del género musical de los corridos mexicanos como el de Rosita Alvírez, por mencionar un ejemplo.
La escritura en Sada es sólo posible de abordar como parodia. Deriva del modelo anterior de la escritura canónica seria y la convierte en cómica. Esto significa que Sada no se aparta de la cultura de la escritura; más bien ama la escritura y la manera de apropiársela es mediante el gesto barroco de códigofagia (de acuerdo con Bolívar Echeverría) ya que nos muestra la artificialidad de la lengua literaria y a la vez su existencia haciendo como Gadda un uso tanto de la lengua literaria y del dialecto oral en su escritura. La separación que implica la parodia respecto de su objeto tiene como motivo el que el objeto que se pretende describir “−la vida inocente, es decir fuera de la historia-, es rigurosamente inenarrable” (Agamben, 2005: 51).
En la narrativa de Sada pasa lo mismo, sus personajes son sujetos de la vida inocente. Son sujetos expulsados del Edén. Los personajes son antihéroes, van de lo sagrado a lo profano y confunden y hacen indiscernible, de manera estable la frontera que separa lo sagrado de lo profano, el amor de la sexualidad, lo sublime de lo ínfimo.