
Libro sobre el barroco, coordinado por Borja García Ferrer)

Entendemos la literatura como una configuración activa y práctica de la realidad. La literatura puede ayudarnos a mostrar esas nuevas expresiones que surgen históricamente de la fusión de los personajes en la comunidad real (Rancière, 2014). Lo que nos interesa es explorar los mitos y símbolos, metáforas, sueños, todo lo que se presenta como el imaginario de lo barroco:
Si las reglas de la poética gobiernan la producción del texto poético, de la selección de las palabras a su ordenación, la imaginación en cambio, es radicalmente libre puesto que no está ligada a las leyes de la materia. Su poder reside en el incontrastado juego de la mente ingeniosa que discurre y finge sin frenos y sin límites, en una libre asociación de las cosas sensibles. La imaginación es capaz de juntar y separar lo que quiera como dice Gracián (Snyder, 2014: 164).
Este imaginario es lo que aparece como mezcla de tradiciones culturales y como trasposiciones de tiempo o lugares, mundos paralelos o simultáneos entre la modernidad barroca y la modernidad capitalista. Desde esta perspectiva analizaremos algunas obras de Daniel Sada, Carla Guelfenbein, Guadalupe Nettel, Pablo Simonetti, Gioconda Belli y Valeria Luiselli.
II. Los disfraces, las apariencias y las parodias
En la estética barroca del siglo XVII según Jean Rousset (1972) hay un principio básico de fingimiento. Este principio indica que todos representan un papel a espaldas de los otros, incluso del mismo interesado. El fingimiento tiene que ver con la costumbre de estar siempre disfrazándose o poniéndose máscaras (costumbre muy arraigada en la cultura de México y de varios países de América Latina). También tenemos la costumbre de guiarnos por apariencias más que por verdades derivadas del conocimiento científico. ¿Y qué son las parodias sino un género literario como recursos para describir códigofagias, es decir, las escrituras que se apropian de otras escrituras?
II.1. Daniel Sada
En este autor emergen los temas de la estética barroca en torno de los disfraces (Luces artificiales), de las apariencias (Porque parece mentira, le verdad nunca se sabe) y las parodias (Ese modo que colma). El contraste de las formas de vida moderna derivadas de la cultura de la escritura es el fondo que subyace en la narrativa de Sada. Alrededor de Ramiro Cinco, el personaje central de Luces artificiales, se configura el tema de las concepciones del cuerpo humano provenientes de la modernidad capitalista. De esta manera, en el personaje la fealdad física determina su lugar socioeconómico. Esta circunstancia lo destina al aislamiento y a la imposibilidad del uso de su cuerpo como forma de relación afectiva en su entorno social. Esta oposición entre fealdad/belleza la desarrolla el autor intercalando los discursos de la ciencia médica sobre la estética corporal; asimismo opone el discurso mediático de la Mujer Maravilla frente al de una empleada explotada de un restaurante. La cirugía estética se presenta así, como disfraz de un rostro “correcto” y la figura de la Mujer Maravilla como modelo del cuerpo ideal.
Papías y Salomón, los personajes de la novela Porque parece mentira, la verdad nunca se sabe, viven en un pequeño pueblo de la frontera de México con Estados Unidos, donde trabajan como obreros. Decepcionados de las luchas sindicales, se rebelan ante la herencia ideológica de sus padres y emigran de su pueblo hacia Estados Unidos, hastiados de la corrupción derivada de la fallida democracia electoral. Los personajes de las dos novelas regresan a sus comunidades, sin que sus trayectos incidan en algún cambio. Como los sujetos descentrados del barroco, se trata de seres que no encuentran un lugar en el orden de vida instituido por la modernidad.
Para configurar sus tramas, Sada recurre a una escritura con registros de la oralidad en oposición a los registros canónicos de la escritura. De acuerdo con Severo Sarduy (1987), la materia fónica y gráfica en expansión accidentada son figuras del neobarroco. Esta característica resalta en la narrativa de Daniel Sada y con ello desautomatiza y provoca extrañeza en el imaginario de sus lectores, lo cual posibilita la refiguración de los mundos de vida. En sus novelas, estas figuras le sirven a Sada para conformar la parodia como medio de expresión irónica contra los cánones burgueses. En su narrativa encontramos formas que estructuran la polifonía, la intercalación de los registros culturales.
Lo barroco de Sada se inscribe en la literatura latinoamericana como un desvío de las formas canónicas. Este recurso se presenta como una transgresión literaria, pero también como cuestionamiento de las formas de vida inspiradas en instituciones modernas. Para comprender más ampliamente esta estética y sus aportaciones a la construcción de la novela como género narrativo, nos apoyamos en la explicación de Giorgio Agamben (2005) que dice que la musicalidad de la oralidad desaparece con la escritura; la música ya no acompaña a la palabra.
Sada recupera este acompañamiento para parodiar las formas de la escritura literaria canónica. En este manejo del lenguaje consiste el barroco de la estética de Sada. Así, en el cuento “Atrás quedó lo disperso” que forma parte del libro Ese modo que colma, inscribe lo que podríamos considerar como un manifiesto del estilo parodíco de su obra. La trama gira alrededor de Atilio Mateo, quien regala el libro El zafarrancho aquel de Vía Merulana a su amigo Gastón. En este gesto hay que observar dos aspectos: que la novela obsequiada tiene como autor a Carlo Emilio Gadda, quien se caracteriza dentro de la literatura italiana por un bilingüismo (lengua literaria/dialecto), es decir, escritura/oralidad. De acuerdo con Agamben la parodia es la estructura misma del medio lingüístico en el que se expresa la literatura