Los estudios críticos ubican la novela Antes de Carmen Boullosa[1] dentro de una primera etapa temática en la creación narrativa de la autora[2], en la que aborda la niñez. En relación con este tema, la novela aborda la influencia en la identidad de la protagonista de la experiencia traumática del paso de la niñez a la adolescencia sin la guía de la madre en el ritual.
Atendiendo a lo que señala Ricoeur, cabe preguntar ¿cuál es el oriente del texto en relación con esta novela? La hipótesis interpretativa que sostengo consiste en que la estructura de la novela está conformada por una oposición sintagmática en la que el camino de auto-identificación del personaje narrador se encuentra relacionado con una oposición paradigmática entre lo oscuro y lo luminoso, y que la narración resuelve el conflicto de la voz que relata en el mismo acto de narrar como vía para crear interlocutores a los que comunicar la angustia de esta condición de ser.

La interpretación de la novela Antes se concentra en la comprensión de la cercanía de la experiencia infantil con los límites simbólicos que permiten rozar el lado oscuro de la existencia[3]. El análisis trata de comprender la voz que recuerda su infancia para recuperar la experiencia del miedo como vivencia que quizá sólo en esa etapa de la vida se presente con plenitud, sin las represiones de la conciencia. Se trata de un relato del mundo de la infancia desde su lado oscuro, supersticioso, mágico, angustiante, pero impulsor de la creatividad.
El contexto de la recepción
En relación con la recepción de la novela, podemos señalar que, como lectores contemporáneos al acontecimiento de la obra, algo que impacta en primer lugar es el énfasis que tiene el discurso en la experiencia de los hechos más que en su historicidad. Esto se refuerza con la primera persona. Así, el receptor, aunque persigue una historia, tiene que desprenderse de la forma del relato que se hila con las acciones del mundo consciente de la vigilia, y esforzarse por encontrar el sentido de la racionalidad enigmática del mundo claroscuro de lo simbólico.
Estructura del relato
El incipit está constituido por las estrofas poéticas de Rubén Darío que forman parte de la novela a manera de epígrafe y definen el tono y el ritmo poético de la narración de la angustia de los que se sumergen en la oscuridad y toman contacto con la dimensión simbólica de la existencia. En este poema, el yo poético expresa la angustia del estado de insomnio que transporta al lado oscuro de la existencia.

En actitud dialógica, el relato inicia con una respuesta también poética a lo expresado por el yo del poema; así, la narradora introduce el clima de su relato: la soledad, la angustia, el miedo y la necesidad de crear interlocutores: “Pero no hay nadie aquí conmigo. Nadie, aparte del miedo, del temor, del terror… ¿Miedo a quién? ¡No puedo tenerme miedo!” (11) Y más adelante dice: “Me debo proponer vencer el miedo para empezar a contar mi historia.” (12)
El tiempo de la historia transcurre desde el nacimiento de la narradora hasta su primera menstruación. El tiempo del discurso es el tiempo detenido de la muerte, en la que el pasado regresa con los recuerdos que conforman la reflexión sobre este trayecto como etapa formativa de la identidad de la narradora.
Las secuencias discursivas del texto están constituidas por una oposición entre la racionalidad del concepto, sígnica, luminosa, y la racionalidad de la imagen, simbólica, oscura. La cadena de recuerdos que conforman la historia da cuenta de una experiencia de vida contada a través de esta oposición. Los recuerdos tienen sus referentes en tres ámbitos o estructuras de acogida del cuerpo humano: La familia, la ciudad y la religión[4], que se desarrollan en los espacios del hogar con la madre y el padre, las hermanas, la abuela, las sirvientas y las amistades; el espacio de la escuela confesional, con las compañeras, las maestras y las monjas, y los lugares de la ciudad de México en proceso de modernización.
De esta manera, se puede observar que la estructura está cimentada por un eje de oposición paradigmática entre unidades narrativas de lo luminoso y lo oscuro y un eje de oposición sintagmática entre unidades narrativas definidas por el traumático trayecto de una etapa de la vida a otra. Las contradicciones de sentido que se expresan paradigmáticamente entre la univocidad de una visión luminosa de la vida, a través del concepto sígnico, en detrimento de la necesaria presencia de la imagen simbólica, van delineando las dificultades que se expresan sintagmáticamente para emprender el camino de paso de una etapa de la vida a otra.
Las oposiciones paradigmáticas y las sintagmáticas inciden en la experiencia formativa de la protagonista, cuyo resultado es el miedo como condición existencial y la recreación mediante la palabra, su forma de darle cauce.
Notas
[1] Carmen Boullosa. Antes. México, Punto de lectura, 2001. Todas las citas pertenecen a esta edición.
[2] Cfr. Christopher Domínguez Michael. Diccionario crítico de la literatura mexicana (1955-2005). México, FCE, 2007. Págs. 69-70
[3] Me apoyo en esta conceptualización en el trabajo sobre mito-crítica desarrollado por Gilbert Durand en su libro De la mitocrítica al mitoanálisis. Figuras míticas y aspectos de la obra. Barcelona, Anthropos/UAM, 1993.
[4] Luís Duch y Joan Carles Mélich se refieren a ellos como estructuras de acogida de la corporeidad. Cfr. Escenarios de la corporeidad. Antropología de la vida cotidiana 2/1. Madrid, Trotta, 2005.
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